lunes, 20 de agosto de 2007

Firenze (Florencia)

El viaje más intenso de mi vida.
Mis vacaciones y mi viaje sólo. Ahora escribo en el tren de vuelta. Es viernes y el miércoles me levanté como a las 6 de la mañana para arrivar temprano a la tierra de Leonardo y Miguel Angel. Habiendo atravezado campos y ciudades llegué a Fierenze después de unas 2.30 horas de viaje. Tenía que caminar con mapa en mano unas tres cuadras hasta el hostel y me perdí. Mi sentido de la ubicación está terriblemente malo en estas semanas. Luego de mucho andar, llegué al hostel. Estaba lleno asique tuve que ir al otro que quedaba en la otra punta de la ciudad, literálmente. Por suerte Florencia no es tan grande. Miré el mapa y decidí ir caminando en esa dirección pero atravezando la zona "céntrica". No quería tardar mucho para tener más chances de conseguir lugar.
Miles de turistas por todos lados. Imposible encontrar un argentino. Los que de lejos se parecían a un argentino, eran finalmente españoles, que había muchos. Y los que no se parecían en nada a un argentino, eran definitivamente orientales.
Empecé a caminar, y por ende a sudar. Mucho calor. Antigua ciudad. De repente, a mi derecha, un portal gigante, upa. Ya volvería a sacar fotos. Unos metros más, caminando, y a mi izquierda apareció el Duomo, la catedral de Florencia. Pum! Presencié en verano, pero con la piel helada, uno de los impactos visuales más fuertes de toda mi vida. Las fotos que les pueda mostrar tienen muy poco que ver con el asombro que genera verlo. Cientos de turistas imantizados con lo mismo. Me sentí olbigado a sacar unas fotos y seguir andando, porque debía dormir en algún lugar.
Imaginé los maestros caminando por esas calles. Pocas cuadras más adelante, frené en una esquina, como normálmente, para ver si venían autos. Derecha, nada. Giro hacia la izquierda, y lo veo, a unos 150 metros a David, parado, con su gomera apoyada en su hombro y su mano desproporcionada sobre su muslo, como siempre. Sabía que no era el original, pero muchas cosas me estaba generando. . Esto estaba siendo demasiado, y yo ni siquiera había apoyado la mochila que llevaba en la espalda. Preferí volver más tarde y ahora, en serio, dedicarme a encontrar el hostel. Crucé el canal por el Ponte Vecchio, puente viejo.
Faltando muy pocas cuadras para el hostel, y con el mapa en la mano, me perdí. Caminé muchísimo demás para llegar, pero lo logré. Por suerte había lugar, asique dejé mis cosas, hice pis, me lavé la cara y salí con solo mi bolsito de mano.
Comí pizza con agua, en una mesa, solo. Ahora con energías me puse a caminar en la dirección contraria que antes. Entonces sí, llegué nuevamente al David. Inevitable no comportarme como un turista. En un momento me propuse actuar como un no-turista pero fracasé a los pocos segundos y tuve que volver a sacar la cámara. Millones de esculturas por todos lados, sobre todo en esta misma plaza en donde está la copia del David. Yo me sentía en un paraiso. Después de regozijarme y sacar fotos, fui hasta el Duomo. Enorme. Hice la fila y pude entrar. Definitivamente es mucho más imponente por afuera. Subí la torre que está al lado. Muchisimas escaleras angostas. Desde la cima pude ver toda la ciudad, lindísimo. Seguí caminando, esculturas y más esculturas, También muchas iglesias. Y por sobre todo, miles de turistas. Pasé por el Uffizi, el museo que visitaría el día siguiente, habia una cola de unas tres horas. Por fuera están las esculturas homenajes a toda la gente importante de la época, desde Medici, hasta Leonardo y Donatello. Conmovedor verlos ahí, inmortalizados.
Cansado, volví al hostel a poner las sábanas de mi cama que no pude hacer antes.
Me amisté con Eduardo, un brazilero que vive en Londres. Juntos, y hablando en ingles, fuimos a la Plaza homenaje a Miguel Angel. Está ubicada un poco afuera del centro y bastante a lo alto. Lugar perfecto para ver el atardecer y toda la ciudad. También hay otra copia del David. Agua, conversación y atardecer. Por la noche un sandwitch y a dormir, al día siguiente esperaba el Uffizi, y para eso había que levantarse muy temprano para no hacer tanta cola.
6.30 am nos levantamos y después de un veloz desayuno, fuimos al museo, con Eduardo. A eso de las 8 abrió y pudimos pasar. 10 euros, carisimo. Si tuviese que narrar todo lo que sentí adentro y durante el recorrido, tendría que escribir un libro. Haber entrado en ese museo fue llegar a Europa. Por primera vez pude ver originales de grandes artistas del renacimiento. Fue remover toda la etapa de fascinación por el arte de mi niñez y adolescencia, con todo lo que trae eso. Fue vivir en carne y hueso, las sensaciones más diversas y emocionantes. Inundado de emociones y con la piel erizada en muchos momentos, trataba de pensar qué era lo que estaba pasando. Porqué me genera tanto todo esto? Y porqué especialmente este periodo del arte? Estaba en la ciudad clave para todo eso, y me hice esa pregunta durante todo el viaje. No estuve ni cerca de la respuesta. Pero sí, muy a flor de piel, las sensaciones, indescriptibles, pero movilizantes.
Más tarde fui, sólo, a otro museo. En él, estaba una de las 4 Piedad que hizo Miguel Angel, la cuarta y última. Pensaba que no era tan grave, pero si. Cuando la ví, tuve que sentarme y quedarme como media hora, solo contemplando. Después di una vuelta y cuando volví a pasar, me volví a sentar, en la escalera, y me quedé un rato más.
A la tarde volví a ver otro atardecer en la plaza Miguel Angel. Bastante melancolía. Conocí a unos franceces con los que salí a la noche.
Al mediodía siguiente volví a Treviso. Cumpleaños de Gabo (Viernes).















2 comentarios:

Hernando dijo...

Es muy lindo hacer un viaje y perderse

Magic dijo...

Trato de imaginar cómo habrá sido para vos, chico sensible, encontrarte con toda esa magia italiana. Lamentablemente no puedo.
Me alegro por tu alegría.
Beso gigante, Lau